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October 8, 2012
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Capítulo III: El horroroso presente
by
Aline S.V


Siempre deseas que los buenos momentos no acaben nunca, son sueños vivos que te hacen creer en el paraíso. Pero nada dura para siempre. La realidad golpea más fuerte de lo que uno piensa y, a veces, es literal.

― ¡Chiyome, la próxima vez que intentes tomar ventaja del enemigo, deberías tener la decencia de avisar de tus planes! ―bramó el niño. Su exasperado tono llegaba a ponerla de mal humor, y eso que venía acumulando el mal humor desde hacía varias noches.

―Deberías agradecer que salvé tu trasero―le sacó la lengua tras girar su rostro levemente en dirección al chico.

―Tú no salvaste mi vida―se detuvo en la siguiente rama que pisó, la cara la tenía roja como un tomate.

―Sólo admítelo, Takumi, estarías muerto si no fuera porque aparecí en el momento indicado―Chiyome se dio media vuelta, dejándose caer en la rama más próxima a la de él. Estudió el rostro del chico que comenzaba a tornarse aún más rojo que antes. ¿Furia o vergüenza? Aún no lo sabía.  

―Tenía todo bajo control―Chiyome se contoneó un poco de adelante hacia atrás.

―Seguro, seguro―sonrió―te recuerdo muy bien golpeado en el suelo.

― ¡Era todo parte del plan! ―se defendió.

― ¡Sólo admite que tu plan no salió como querías! ―exclamó, con las manos en las caderas, la niña comenzaba a cabrearse por lo obstinado que su compañero era― ¡dame algo de crédito, no soy inservible!

― ¿Por qué eres tan infantil?

― ¿Por qué eres tan idiota?

Takumi hizo una mueca. Sus manos se volvieron puños, haciendo que su mano izquierda volviera a doler como el infierno mismo, se había desguinzado cuando intentaba pelear de vuelta contra el ninja que había osado intentar asesinar a unos mercaderes que habían escoltado al País del Arroz y aunque no debía moverlo para no causar más daños, lo cierto era que no podía detener sus músculos.

Una fuerte palmada en su espalda lo hizo perder el aliento y sólo el abrazo férreo en su cuello le impidió caer de la rama por la falta de equilibrio.

― ¡Cálmate, zanahoria, la bebita tiene razón! ―Masato se colgaba un poco de él mismo. Al ser más bajito que él, sus pies debían elevarse para alcanzar sus hombros. Takumi le hizo una mueca de desagrado y rio entre dientes, no sabía si matarlo por el apodo o matarlo por el comentario en general.

― ¡Te he dicho mil veces que no me llames bebita! ―gritó Chiyome, exasperada.

― ¿Quieres que te llame enana acaso? ―señaló el moreno.

― ¡No lo encuentro gracioso, Masato! ―apuntó con su dedo al muchacho que, con aire desinteresado, se apartaba de su compañero pelirrojo.

― ¡Vamos, alégrense, concluimos con una misión y ganamos suficiente dinero como para ir a comer a algún lado o comprarnos lo que queramos! ―señaló con alegría.

― ¿Alguna vez te enseñaron lo que es el término ahorrar? ―Takumi se deshizo del abrazo de su compañero con  facilidad.

―Eres tan aburrido como siempre―bufó el niño.

―No soy aburrido.

―Sí, lo eres―al unísono, Chiyome y Masato dejaron escapar una risa a la que Takumi le puso mala cara.

―El malgastar el dinero no sirve para nada―declaró.

―Pero no darte un gusto de vez en cuándo es aburrido―cantó la niña.

― ¿No haz puesto atención en lo que nos enseña Kouga-sensei?

De pronto, el niño cerró la boca y un silencio incómodo se instaló entre los tres.

― ¡KOUGA-SENSEI! ―gritó Chiyome, dándole un pisotón a la rama en la que estaba parada.

Masato y Takumi bufaron por la impaciencia y giraron sus cuerpos para mirar el lugar por donde habían venido. Ni rastro había de su maestro… como siempre.

― ¡Mierda, que a este paso tardaremos una semana en regresar a casa! ―exclamó el pelinegro. Sus manos se perdieron en sus cabellos mientras se meneaba de un lado a otro.

―No nos queda de otra―Takumi se dejó caer entonces y soltó un suspiro largo― ¿hay algún motivo por el que nos tocara el ninja más lento de toda la aldea como maestro?

― ¡Mamá siempre hace postre de chocolate los sábados y si no llegamos esta noche, no voy a  alcanzar mañana!

― ¡¿Comer es lo único que te importa?! ―exclamó el pelirrojo, perplejo.

― ¡Soy una niña en crecimiento! ―y volvió a sacarle la lengua.

―Una niña a la que se le llenara de granos la cara si sigue comiendo tanta chuchería.

― ¡TAKUMI!

―Tu tendrás trasero cuadrado por tantas horas que pasas sentado leyendo, entonces―con un tic, Takumi miró a Masato, las ganas de asesinarlo no le faltaban. Los dos chiquillos eran insoportables.

― ¿Están peleando de nuevo? ―preguntó alguien tras ellos.

Las miradas se dirigieron a su maestro al que parecía faltarle el aliento. Su mano se deslizó por su sudorosa frente. Con una risa nerviosa, el hombre recuperó la compostura que había perdido tras intentar alcanzar a sus jóvenes estudiantes.
Los tres eran endemoniadamente rápidos, incluso para ser novatos y para él, que nunca había sido el más rápido, era toda una proeza el siquiera alcanzarlos.

― ¿Ahora por qué discuten? ―preguntó con su serie y apática voz, pero no hubo caso. Los tres niños lo seguían mirando con cara de pocos amigos.

― ¡Kouga-sensei, hasta un anciano podría ganarte en una carrera! ―gritó Chiyome.

Lo que le faltaba.

Dos días más de lo planeado se habían tardado en cruzar las puertas de la aldea. Chiyome había entrado a rastras a su habitación, lamentándose el no haber podido comer del postre de chocolate de su madre y se dejó caer sobre su mullida cama.
Estaba cansada ya, se merecía un día para ella solamente. Su mente comenzó a maquinar un largo baño, una caminata por el río en la mañana y arrastrar a su mejor amiga también… sonaba bien.

Abrió los ojos de pronto, quizás se lo había imaginado, pero estaba segura que había oído un golpe en su ventana.

TIC

Otro golpecito. Chiyome se enderezó en su puesto. Su vista se fijó en la ventana cerrada de su habitación.

TIC.

Una piedra rebotó en el cristal.

Eran las doce de la noche, gran mierda, ¿cómo era posible que la vinieran a molestar a esta hora cuando recién llegaba a casa?

La niña se levantó de su cama perezosamente y caminó hacia la ventana, guardando su aliento para gritarle a quien fuera que estuviera tirándole piedras a mitad de la noche, pero tan pronto corrió la ventana con estrépito…

― ¡Ouch! ―exclamó. Sus manos se dirigieron a su frente frotando el sector donde una piedra del mal le había golpeado.

― ¡Lo siento! ―Masato gritó desde debajo de su ventana con un tono culposo.

― ¡¿Pero qué te pasa?! ―exclamó ella tras recuperarse del molesto golpe.  

― ¡Lo siento, de nuevo! ―el niño hizo una reverencia, dejándole ver su espalda.

― ¿Qué haces a esta hora aquí, pensé que irías a tu casa cuando llegamos? ―suspiró la niña y luego de cavilar unos segundos, terminó por encaramarse en el alfeizar y saltar al encuentro de su compañero.

―Tardé un tiempo en convencer a Takumi, tu sabes―comentó el muchacho mientras se erguía.

― ¿Convencerlo para qué? ―su cabeza se ladeó hacia un costado, haciendo patente su confusión.

―Bueno, lo convencí para que saliéramos a comer.

― ¿Convenciste al ratón de biblioteca de Takumi para que saliera a comer, a gastar dinero?, ¿él, el chico más tacaño en la historia de Konoha? ―preguntó con sorpresa.

― ¿Entonces vienes con nosotros a comer mañana, verdad?

―Si me prometes comprarme un postre de chocolate… tal vez.

Masato sonrió.

Chiyome miró su enorme helado de chocolate con los ojos brillantes y una sonrisa enorme enmarcada en su rostro. Se relamió los labios y sin el menos decoro comenzó a comer rápidamente.

―No sé por qué acepté esto―musitó el pelirrojo mientras la observaba comer. De pronto no quiso probar ni un bocado de su propio helado―Chiyome, estás comiendo demasiado rápido… se te va a congelar el cerebro.

―Relájate, Takumi, sabes… ―musitó mientras dejaba la cuchara hundirse en su copa―…pensé que como hemos tenido tantos problemas como equipo, pasar un tiempo juntos más allá del tiempo de entrenamiento, no ayudaría a conocernos mejor. Ya saben…

Chiyome miró sobre su postre, sorprendida.

―Entonces es eso…―musitó la niña y de pronto dejó de lado la comida―es realmente dulce―musitó.

Masato contuvo el aliento un segundo mientras sus mejillas comenzaban a teñirse de rojo e, inevitablemente, desvió la mirada hacia su comida.

―Pienso que es mejor para el equipo si logramos entendernos―comentó.

―Entonces… uh… por donde empezamos―musitó Takumi.

― ¿Y si nos contamos secretos o anécdotas? ―sugirió Masato.

Chiyome se detuvo un segundo, el corazón empezó a bombear su sangre con mayor rapidez hasta la mención de un secreto. Imágenes rápidas de su investigación, su linaje, Itachi… Sasuke Uchiha la envolvieron.
Necesitaba un secreto menos escandaloso.

― ¿Por qué no empezamos contando nuestros miedos? ―sugirió Takumi.

― ¿Qué opinas, Chiyome?

La niña los miró fijamente con sus ojos marrones y una sonrisa nerviosa se dibujó en su rostro.

―Creo que está bien―musitó.

― ¡Bien!

¡Crack!

Chiyome contuvo el aliento ante el inusual sonido. Takumi hizo una mueca y giró su rostro hacia la ventana.
Un segundo después un trozo de concreto se incrustaba en la pared del negocio de enfrente.

Masato se puso de pie.

Y en un instante, su aliento desapareció ante la fuerza de un choque, su cuerpo golpeó algún lugar en el local, pared, mesa o silla, no lo sabía. La espalda le dolía y sus oídos le pitaban de tal forma que no escuchaba nada más que sus propios pensamientos.
Chiyome trató de respirar entre las nubes de polvo y buscó enderezarse.

Miedo.

Sus manos temblaban mientras buscaba una superficie de la cual agarrarse y tomar impulso. Sus ojos viajaban de un lado a otro, escaneando la zona, el local estaba destruido, trozos de pared y comida estaban regados por todas partes y había gente inconsciente entre los escombros… o tal vez muerta.  

― ¡Takumi, Masato! ―gritó, aunque no podía escucharse.

Con las piernas temblorosas, avanzó entre los escombros, respirando aceleradamente.

― ¡Takumi, Masato! ―gritó de nuevo. El molesto pitido en el oído no la dejaba, no podía escuchar si la llamaban― ¡Takumi, Masato! ―los ojos se le llenaron de lágrimas cuando su pie resbaló en una hendidura y se lo torció― ¡Takumi, Masato! ―pero siguió gritando hasta que una mano morena tomó su brazo y de pronto era alzada en volandas.

El rostro de Masato quedó a la altura del suyo entonces. Y un alivio la recorrió al verlo sólo con unos rasguños.

―Chiyome―escuchó tenuemente su nombre dicho por él― ¿estás bien?

―Mi pierna…―contestó.

―Hay que salir de aquí―dijo― ¡¿Takumi, puedes caminar?!

― ¡Tengo problemas en el brazo, no en las piernas! ―exclamó el muchacho que sorteando los escombros se acercó a ellos, efectivamente, el brazo que antes tenía resentido ahora estaba ensangrentado y bien sujeto contra el pecho con su otra mano―salgamos de aquí antes de que esto se derrumbe.

―Pero la gente…―musitó la niña.

―No podemos hacer mucho en estas condiciones… hay que buscar ayuda―Chiyome asintió entonces.

No podían hacer mucho, es cierto. ¿Qué podían hacer tres Gennin con un montón de cuerpos?
Chiyome se repitió esa frase mientras era cargada por Masato entre la multitud que corría hacia el refugio.

No pudo evitar el Deja vú, sólo que ahora no era cargada en los hombros por un amigo de la familia, sino que era cargada por un compañero de equipo.

― ¡Cuidado!

Por el rabillo del ojo, Chiyome logró ver al ciempiés destruir el edificio próximo, aplastando a la gente que corría junto a él en ese momento. Contuvo el aliento al ver el polvo levantarse mientras la criatura se cernía sobre el grupo aterrorizado.

Takumi se posicionó enfrente de ellos, haciendo un par de movimientos rápidos con sus manos, la tierra bajo ellos tembló y de pronto, bloques de tierra se clavaron en la criatura, inmovilizándola.

― ¡Hay que buscar otro camino! ―gritó Takumi al grupo, quién sin pensarlo dos veces, dio media vuelta para buscar otro camino hacia los túneles.    

―Gracias―musitó Masato.

―Agradece después, salgamos de aquí con vida―musitó el chico mientras se sujetaba el brazo herido― ¡vamos, movámonos!  

― ¡Takumi! ―gritó Chiyome.

Chiyome vio en cámara lenta como otra de esas desagradables criaturas se cernía sobre el chico y de pronto uno de sus norme pies le atravesaba el hombro. El dolor se reflejó en su rostro, así como el horror, pero antes de que el ciempiés lograra hacer más daño, las afiladas cuchillas de las espadas de viento destruyeron a la bestia.  

Takumi cayó al suelo dolorido. Petrificado, Masato dejó caer a Chiyome al suelo. La chica se puso de pie a duras penas sintiendo el dolor de su pie, cojeó hasta Takumi.

―No te muevas―le dijo al muchacho que intentaba quitarse la pata del ciempiés.

―Chiyome, Takumi, Masato―la niña miró por sobre la cabeza de su compañero para ver a su maestro, su uniforme militar estaba desgarrado y sucio por la tierra y la sangre, pero su rostro parecía hecho de acero. No demostraba ninguna emoción.

― ¿Qué está pasando? ―musitó la niña.

―Masato, no te alejes del grupo, acércate―ordenó el maestro al chico que se movió entonces al encuentro de los otros.

― ¡¿QUÉ ESTÁ PASANDO?! ―vociferó la niña.

Kouga la miró directamente entonces y con la voz grave dijo:

―La aldea está bajo ataque directo―admitió―Takumi, necesitamos llevarte al hospital, los llevaré hasta allí, podrán llegar al refugio con mayor facilidad desde allí―declaró luego de unos minutos.

―Pero…

―No están en condiciones, ni tienen el nivel para estos enfrentamientos, así que muévanse―ordenó severamente―Takumi, de pie ahora.

― ¡Kouga sensei! ―reclamó la niña.

―No hay tiempo.

Takumi tomó su mano entre las suyas sorpresivamente.

― ¿Crees que puedas ayudarme? ―musitó. Chiyome lo miró asustada―estoy bien, pero necesito un poco de ayuda.

Nunca lo había oído pedir ayuda a nadie y eso que llevaban medio año siendo compañeros. La chica asintió quedamente mientras se aguantaba su propio dolor para ayudar a levantar al chico. Masato fue en su ayuda pronto y la liberó un poco del peso.

Por dentro, la niña rogaba que la situación no empeorara para ellos, necesitaba llegar con su familia, necesitaba pensar que sus amigos estaban a salvo y que sus amigos se salvarían. Chiyome rogaba por dentro mientras la energía del atacante se acumulaba.

Las cosas se pondrían peor, muchísimo peor. Y Chiyome dejó  escapar lágrimas de impotencia y terror, cuando una de expansión comenzó a destruir todo a su paso.

La tormenta continuaba y a pesar de que Kouga era fuerte como para cubrirlos del ataque, ninguno de ellos estaba preparado para la desolación y la destrucción posterior. Chiyome caminó sin aliento entre los escombros, mirando el funesto paisaje…

― ¡No! ―gritó ante la destrucción.

Y sus ojos brillaron en rojo en la presencia de sus compañeros.

No estaba lista para algo así, no estaba lista para ver esa clase de masacre, estaba aterrorizada… horrorizada. Mi realidad se cayó a pedazos y con ella mi secreto.
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:iconaniankafirela2:
Me gusta mucho y adoro a Chiyome, ¿Continuarás el fic?
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:iconmoonlightkaori:
Lo continuaré, sólo que había dejado varias cosas en stand by mientras entraba en la rcta final del semestre en la universidad.
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:iconaniankafirela2:
Uf, parece que estamos todos por aquí liados con la universidad. Bueno, espero que te haya ido todo muy bien.
Un saludo!
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:iconmoonlightkaori:
Gracias, sip, me fue muy bien este semestre, gracias por tus buenos deseos :D
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:iconhinataslade:
Mood: Love ~HinataSlade Oct 9, 2012  Student General Artist
emmm es un oc??.... si es asi waa super
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:iconmoonlightkaori:
es un FC (Fan character) gracias por comentar y me alegra que te haya gustado ^_^
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:iconhinataslade:
Mood: Love ~HinataSlade Oct 13, 2012  Student General Artist
de nada XD
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:icondanndable:
Mood: Pride ~Danndable Oct 8, 2012  Hobbyist
Very Cool
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